miércoles, 8 de febrero de 2012

Cuéntame un cuento

Abre ese libro de historias bonitas. Estoy cansado de los golpes de la vida. No han sido muchos, lo reconozco. Quizás solo uno. Pero el que ha llegado, duele. Mucho. No te demores. Abre el libro y cuéntame un cuento. Que sea con final feliz, por favor.


Por más que lo intento. Evitarlas no puedo. Fluyen las lágrimas. Cada vez que lo pienso, en cada ocasión que la mente viaja sola. Sin control. Y son muchas.

Acostumbrado a contar historias, tristes unas y alegres otras, estos días las palabras fluyen como queriendo ganar tiempo al tiempo. Puede que busque cambiar las cosas. Como si no supiese que el negro sobre blanco no cambia la realidad. Tal vez sólo busque escribir la historia a mi manera, y despojarla así de fatalidad. Hay que ser positivo. Eso me digo. Eso me dicen. Lo intento.

Está ahí. No puede cambiarse. Es cierto. Y contra eso no queda otra cosa que levantarse. Secar las lágrimas. Levantar la cabeza y alzar la vista al frente. Siempre hay que mirar a los ojos. Así se lucha mejor.

No sabes cuánto me gustaría que hoy abrieras ese libro. El de las historias bonitas. Cuéntame un cuento. Pero, por favor, con final feliz.

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