sábado, 3 de febrero de 2018

El libro de las hojas en blanco

Unas manos amigas me reclamaban. Parecía una invitación a salir a la calle. Un intento más. Pero tampoco era el día. 

Por la ventana se colaban los primeros rayos de luz. También se oían algunos pájaros. Y el ruido del motor de coches y motocicletas. Incluso algún que otro claxon. 

Con un poco de esfuerzo, podía apreciar alguna conversación, propia de esas horas del día. Saludos cordiales y deseos de buenos días. Eran voces infantiles. Las echaba de menos. 

Tras la multitud, el sonido de una campana. Era la hora de la entrada. Y tras las risas, los juegos y las primeras carreras del día, el sonido de una puerta que se cierra. Y tras ella, el silencio. Es lo que tiene vivir junto a un colegio.

Nada como el silencio para leer ese libro regalado para amenizar la espera. Tiempo de dolores, de incertidumbre, de tratamientos. Un título sugerente: 'Historias de superación'. Pero, sorpresa. No hay texto. Tampoco ilustraciones.

El libro está en blanco. Salvo la primera página. Al pie de la misma, unas palabras. Están escritas a mano. Son de él, también de ella, y dicen que Es posible, que Se puede. Y junto a los mensajes, una foto. De familia.

Estamos contigo, recuerdo que rezaba bajo la imagen. Tiene que ser verdad eso que dicen de que son magos, aunque prometo que nunca les vi corona ni varitas. Nunca se rindieron. No dejaron que yo lo hiciera.

Aquel día me trajeron a la vida por segunda vez. Ahora soy yo quien los cuida, quien los protege. Aunque ya ni me recuerden. Hasta que el tiempo quiera, cuando ellos decidan rendirse, dejar de seguir luchando.

“El libro de tu vida está por escribir” era la frase que completaba el mensaje escrito en aquella obra inconclusa que me regalaron mis padres aquel día. Una llamada a la lucha. Una lección para el niño enfermo que fui.

Hoy soy yo quien les cuenta historias de superación a mis hijos, cuando me hablan de algún caso. Y sí, lo hago leyéndoles aquel libro. El de las hojas en blanco.


viernes, 19 de enero de 2018

¿El fin del clickbait, la desinformación y la era de la posverdad?

Facebook marca el día a día de millones de personas.

Después de que el clickbait haya cambiado (desafortunadamente) la forma de hacer periodismo en muchos medios de comunicación, bien por no contar con periodistas o por haber intentado meterse en la batalla por la pasta, parece que ahora todo puede volver a cambiar. De momento, yo soy algo escéptico.

Aunque uno tiene dudas de que no sea más que una táctica lampedusiana, es decir, cambiar algo para que todo siga igual, lo cierto es que Facebook, el Rey Midas de internet junto a Google, ha hablado, por lo que hay que tomar nota.

Según leo en Expansión, el fundador de la famosa red social, Mark Zuckerberg, ha anunciado cambios en el algoritmo de Facebook, que pasará a dar prioridad a las publicaciones de personas del entorno, en detrimento de las empresas y anunciantes.

¿En qué afecta esto a los medios de comunicación y al periodismo? Pues es sencillo, pues de ser cierta la medida, aquellos que se han acostumbrado a cazar clics con titulares sensacionalistas y muchas veces incluso inexactos o falsos, con titulares que luego incluso nada tienen que ver con la noticia en sí, tendrán que cambiar de estrategia: tendrán que pasar por caja y dar dinero a Facebook o apostar por contenido de calidad para intentar posicionarse y alcanzar la visibilidad y la expansión deseadas.

Es decir, que gracias al poder que tiene en la actualidad sobre nuestro día a día Facebook, puede que el periodismo de verdad, el que se caracteriza por el rigor, el contrastar fuentes y la veracidad, vuelva a tener una oportunidad, pues parece que Zuckerberg ha recogido el guante y plantará cara a las fake news y a esa forma de hacer dinero a través de noticias inventadas que tanto han contribuido a la actual era de la desinformación y la posverdad. Insisto, aún tiene que convencerme de que no es más que un gesto de cara a la galería, ahora que está de actualidad, por ejemplo en la Unión Europea, el plantear acabar con el reinado del clickbait.

Pero ojo, que detrás del titular lanzado por el todopoderoso Facebook hay algo muy importante: al final, el dinero es lo que vale, pues la red social es un negocio que tiene en la publicidad una importante fuente de ingresos. Por ello, entiendo que la lucha contra ese mal que ha impregnado al periodismo puede que no se vaya del todo o que, al menos, no sea cosa de un día librarse de él. Como en casi todo, el tiempo será quien dicte sentencia.


Libros sobre la desinformación


miércoles, 17 de enero de 2018

La sanidad que queremos

Foto del servicio de urgencias del centro de salud de La Milagrosa. Fuente. DBC

¿Qué sanidad queremos? Hace poco tuve que acudir a un centro de salud recientemente inaugurado por partida doble en Jerez. Era festivo. Achaqué a eso la falta de personal, la falta de limpieza. Por no haber, no había ni papeleras, y una mujer tuvo que ir al baño a tirar el kleenex. Afortunadamente, fui a primera hora y me ahorré las colas posteriores. Y las inmundicias que muchas personas enfermas tuvieron que soportar.

¿A qué viene todo esto? No suelo acudir demasiado al médico, pero cuando lo hago siempre me voy con la sensación de que ni los recursos humanos ni los medios son suficientes. Es más, de un tiempo hasta aquí incluso intuyo que hay instrucciones de recetar menos medicamentos. Y cuando se hace, es en dosis mínimas, las menores posibles. Por ejemplo, el otro día -quizás era casualidad- se había agotado un medicamento en varias farmacias. La caja de menor tamaño, vía recetas.

No, no es cuestión de culpar a los profesionales sanitarios, aunque en ocasiones es cierto que se echa un poco de más empatía. Vale, acepto que puedan estar quemados, pero también lo están quienes acuden a la consulta para sí o para sus hijos. Y encima de virus te acabas llevando la sensación de que vas a tener que volver al día siguiente, como ha pasado a varios familiares últimamente. ¿Y si las prisas y el diagnóstico de "esto es gripe, la tiene todo el mundo", hubiesen acabado en una desgracia por un mal diagnóstico?

La cuestión es que nos recortan en salud, pero nos callamos. Vale, ahora me dirás que el Estado de Bienestar tal y como se entendía hasta hace unos años es insostenible y se va hacia la conjunción entre lo público y lo privado por necesidad. Pero si eso fuese claramente reconocido al menos... porque lo que no puede ser es que se nos vendan motos, se inauguren centros de salud a bombo y platillo, y se diga que se mejora la atención sanitaria, cuando la realidad es que la apertura se produce con deficiencias materiales y de recursos humanos, como es el caso del centro médico de Jerez al que me refería al inicio del artículo.

Y todo eso sin entrar en casos como el centro de salud de Los Gallos de Chiclana, que lleva una década cerrado, una localidad en la que, por cierto, no hay hospital público; o el Hospital de Alta Resolución de Vejer que por una u otra razón nunca llega para dar cobertura a La Janda, comarca en la que enfermar o tener un accidente puede resultar altamente peligroso. ¡Y qué decir de las listas de espera! En definitiva, que habrá que aspirar a ser mutualista de Muface, pues estos al menos tienen garantizados más servicios...


Artículo publicado en Diario Bahía de Cádiz.



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