lunes, 30 de enero de 2012

La dieta alemana

He decidido ponerme a plan. Vamos, que estoy haciendo una dieta que, según dicen, hará que en poco tiempo consiga tener un cuerpo diez. Después de intentarlo con la dieta de la alcachofa, la de los batidos y hasta la del cucurucho parece que al final he dado con la tecla: la dieta alemana.

Ésta no exige mucho gasto, porque precisamente en gastar poco basa todo su poder. Hay que ajustar al máximo la economía, que corren tiempos de crisis y la recesión está ya aquí. El secreto, cuenta una afamada nutricionista alemana está en recortar todo aquello que nos sobre y que provoque un gasto superfluo. Ya he dejado de comer jamón y me he pasado a la mortadela con aceitunas. Bueno, aunque eso fue al principio, porque las aceitunas hacían que me saliera del presupuesto. Así que ahora como mortadela a secas. Y los dos vasos de leche que me tomaba al día han quedado reducidos a un café aguado. Con este plan, claro está, da pena abrir el frigorífico de casa. Sin embargo, pese a cumplir a rajatabla, la cartera continúa sin hacer un truco de magia y convertir los céntimos que contiene en billetes de 50 euros. Y parece que el mío no es el único caso, porque mire a donde mire casi todo el mundo está igual.

Así las cosas, mientras espero que la dieta a la que me estoy sometiendo por obra y gracia de esta experta alemana dé sus frutos, no puedo obviar el hecho de que cuando me miro en el espejo empiezo a ver más huesos que carne en mi cuerpo. Y ya se sabe que uno no rinde igual con el depósito vacío. Porque, o todo ha cambiado mucho o imagino que seguirá cumpliéndose esa máxima que dice que un vehículo al que no se llena el depósito de combustible es incapaz de cumplir su función, ¿no?

Pues entonces no me explico cómo esta nutricionista, una tal Angela Markel, defiende que hay que dejar de comer para reducir gastos, cuando mi cuerpo lo que necesita es consumir, para que se mueva la economía y se reactive la actividad. Así que acabo de decidir que, como nadie conoce mi cuerpo mejor que yo, ahora mismo pongo punto final a la dieta alemana: siempre será mejor alimentarme en condiciones –moderadamente, tampoco es cuestión de abusar-, porque así tendremos un cuerpo saludable. A buen seguro uno se encontrará en mejor disposición de afrontar los problemas y puede que así sea más efectivo a ayudar al resto a salir de esta maldita y omnipresente recesión.

NOTA: Si España sigue las directrices de Alemania, se aprieta el cinturón con recortes y subidas de impuestos, pero sin incitar al consumo, que es al fin y al cabo lo que reactiva la economía, ¿está haciéndose un favor o se lo hace a Alemania?

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