martes, 3 de abril de 2012

Andalucia no es California

El sueño y el reto de algunos políticos es hacer de Andalucía la California de Europa. Potencial tiene. Sin embargo, desde Estados Unidos no parecen estar muy de acuerdo tras el 25-M. Tal es así que, según recoge www.elmundo.es, el primer banco de norteamérica afirma que no habrá limpieza en Andalucía. Limpieza económica, se entiende.


JP Morgan califica a Andalucía en un informe remitido a sus clientes en todo el mundo como "el mayor freno de la economía española". Directo a la línea de flotación de una región que camina hacia un gobierno formado por PSOE e IU, tras una victoria insuficiente del PP en las urnas.

Flaco favor hace esta noticia a la imagen de una comunidad autónoma que tendría que tener un mayor peso específico en el país, y que por el contrario luce el cartel de ser el vagón de cola. El número total de desempleados en Andalucía alcanza la cifra de 1.057.144 personas. En marzo, uno de cada tres nuevos parados que sumó a la lista del Inem era andaluz.

Cuando se habla de Andalucía, algunos no ven más que vagos o señoritos, a gente que vive la buena vida aprovechándose del subsidio de desempleo y a terratenientes que están ahí únicamente por las subvenciones. Cuando estas personas hablan o escriben de Andalucía, lo hacen exclusivamente para utilizarla como saco para mejorar sus golpes en el cuadrilátero.

No les interesan los andaluces, salvo cuando quieren reír y entonces ofrecen una limosna para que el gracioso de turno les alegre la fiesta con algún chiste. De Andalucía no les interesa su arte, porque está hecho por muertos de hambre a los que creen pueden comprar por dos perras gordas o un plato de comida, como hacían antes. De Andalucía no les interesan sus jóvenes, les da igual si tienen o no un título, si poseen o no formación. La juventud de esta región, su universidad, sólo es tenida en cuenta para servir de anfitriones a los Erasmus llegados de otros países de Europa.

De Andalucía les interesan sus playas. Esas que maltratan y ensucian cuando se marchan. De Andalucía les interesan sus ferias, su Semana Santa, su carnaval... eventos que ellos sí pueden disfrutar con desenfreno y sin contemplación para el día después de quien vive aquí.

Para hablar de Andalucía no hay que tener cadáveres en el armario, ni haberse aprovechado de un puñado de votos para vivir del dinero del Estado y, por ende, también de los andaluces, mientras se defiende la autodeterminación. Para hablar de Andalucía, uno primero tendría que interesarse por su historia, por sus artistas, sus investigadores, sus empresarios, sus amas de casa... por sus hombres y sus mujeres, por sus niños, jóvenes, adultos y veteranos. Para hablar de Andalucía, alguno antes de reírse de la manera en la que se expresa un onubense, un sevillano, un gaditano, un cordobés, un granadino, un jiennense, un malagueño o un almeriense tendría que dejar al lado el laísmo y esas otras muchas formas que lo delatan.

Para apostar por Andalucía no es estrictamente necesario reeditar California Dreams. Tan sólo hace falta un poco de ganas y menos palabras. Y que conste, España tampoco es Estados Unidos.

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