lunes, 17 de diciembre de 2012

A ti, empresario

Intentaré no caer en el error de valorar el todo por una parte. Allá voy, aunque no prometo nada. El mundo empresarial está lleno de bazofia. Perdón, ya estoy incumpliendo mi propósito. A ver si ahora está mejor: hay muchos empresarios que son auténticos cerdos. Mejor así, creo. ¿Por qué? Pues es bien secillo. A quienes decidimos un día ser trabajadores por cuenta ajena -por falta de espíritu emprendedor, por falta de medios económicos,  por considerar injusta la regulación laboral o simplemente por miedo o comodidad- dedicamos gran parte de nuestra jornada a trabajar. Vamos, que la vida casi se circunscribe a ello -cuando no nos toca estar en el paro, claro está-. Y por esa misma circunstancia, a lo mínimo a que aspiramos es a cobrar. En tiempo y forma, y a poder ser -me gustaría saber dónde se meten sindicatos y políticos- un salario digno.

No hay nada más injusto que quitar tiempo a tu familia y restarlo a tu vida para acabar mendigando tu dinero a un empresario de pacotilla, caradura y sin escrúpulos que te utiliza como fuente de un crédito que ni genera intereses a tu favor ni te aporta beneficio alguno, salvo apretarte un poco más el cinturón -con lo que igual consigues mejorar tu peso- o la soga al cuello -con lo que puedes ahorrarte seguir gastando en el futuro en seguros de vida.

Imagino que tiene que ser fácil jugar a ser empresario con el dinero de los demás. Creo que no puede ser muy difícil hacer castillos en el aire con dinero ajeno, y en muchos casos ficticio.

La época de vacas y cerdos hartos de comer consiguió que muchos ignorantes, analfabetos -y paro de calificarlos- se encumbraran con una facilidad pasmosa, al abrigo del dinero público, de algunos partidos políticos y de un dinero negro circulante que parecía -y sigue siendo- inagotable.

Ahora -bueno, desde hace unos años ya, que parece que la crisis empezó ayer-, mientras quienes simplemente somos 'curritos de la calle' tenemos que hacer mil números para cuadrar las cuentas de nuestras maltrechas economías domésticas, privándonos de casi todo para poder llegar a final de mes, estos 'empresariaruchos' pretenden seguir llevando una vida por todo lo alto, mientras en muchos casos deben dinero a sus extrabajadores (sin que nadie haga nada para solucionar un entuerto que acabará trayendo más problemas aún), a Seguridad Social y Hacienda.

Ya está bien de permitir que a través de la creación de empresas 'puente' estos empresarios sigan ganando dinero a tutiplén, mientras continúan 'robando' dinero a todos los españoles -¿acaso no es eso dejar de pagar al erario público?-.

¿Que no hay solución? Pues tal vez no la haya. Pero lo que quizás no han calibrado este tipo de empresarios son las consecuencias y la factura que les puede pasar cualquier día su insultante forma de actuar. Tal vez no sea hoy, pero sí mañana cuando esos trabajadores a los que han pisado y de los que creen haberse reído digan "hasta aquí llegó el insulto". Entonces, el empresario de turno no podrá vivir tranquilo, y no porque la conciencia le quite el sueño, sino porque cada vez que pise la calle tendrá que vigilar su espalda. Sí, estoy hablando de violencia, y ésta no tiene que ser exclusivamente física. A veces la psíquica hace más daño. Sinceramente, creo que o cambian las cosas o la violencia tomará la palabra.

Tal vez entonces, cuando se haya limpiado el panorama de la escoria incrustada y escondida en el tejido empresarial, dé rienda suelta a mi espíritu emprendedor. Porque, para ser justos, muchos son los que quedan excluidos de esta humilde reflexión.

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