jueves, 28 de febrero de 2013

28-F

Hoy se pone fin a dos meses alejado de este rincón. Si tuviera que depurar responsabilidades, no dudaría en dirigir la mirada a las circunstancias: un 'apagón digital', unos compromisos personales y, quizás, la necesidad de resetear y poner las ideas en orden.
Ahora vuelvo -espero que para quedarme- con el 28-F, el Día de Andalucía. Una tierra que pese a su enorme potencial sigue en el vagón de cola. Las repetidas 'modernizaciones' emprendidas por quienes dirigen nuestro destino no han tenido el más mínimo efecto positivo. Aún hoy seguimos con el cartel de flojos, subsidiados y bufones. Y todo por el hecho de que quienes verdaderamente tendríamos que alzar la voz de una vez por todas no nos hemos dado cuenta -o no hemos querido- de la importancia que tiene Andalucía.
Me pregunto continuamente si nuestro presente no está condicionado por el simple hecho de no contar con un partido que represente el 'sentimiento' andaluz en el Congreso. Los catalanes y los vascos son un ejemplo claro de lo que digo. Aunque, claro está, para ello Andalucía tendría que contar con un 'partido andaluz' fuerte, adaptado a los nuevos tiempos y erigido en portavoz de lo que realmente quiere, siente y anhela el pueblo. Pero para eso hace falta mucho más que llevar un pin con nuestra bandera en la solapa de la chaqueta, hace falta mucho más que llevar a gala el "quítate tú, que ya me pongo yo" y hace falta gente mucho más preparada, receptiva y humilde.
Nuestros problemas, los de Andalucía, no se arreglan nada echando mano de discursos cocinados, cuadriculados y que se ciñen exclusivamente al 'sota, caballo y rey' de aquí estamos nosotros para resolver -o intentar, que siempre quedará la excusa de la crisis y tal y tal- lo que llevan haciendo mal unos y otros desde esta o aquella poltrona. La política, la verdadera política, es mucho más que el teatro al que unos y otros actores nos tienen acostumbrados.
En este 28-F, día en el que estos y aquellos se visten con la bandera andaluza, como ocurre año tras año, se me queda el sabor amargo de lo que podría ser y no es esta tierra llamada Andalucía. ¿Qué sería de esta región si el pueblo hiciera caso a su himno y decidiera levantarse? ¿Conoceremos algún día la respuesta? Yo no pierdo la esperanza.

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