miércoles, 23 de septiembre de 2015

Un antes y un después

Siempre hay un antes y un después de algo. El día que te conocí, por ejemplo. Todo punto de inflexión tiene su momento previo, y su consecuencia. Como en aquella ocasión en la que dejé un trabajo voluntariamente, para probar suerte en otro, quizás por ambición, quizás por la necesidad de crecer y probar nuevas experiencias... con lo cómoda que es la zona de confort.

Después de un domingo siempre llega un lunes. Con su vuelta al trabajo (quien en estos tiempos tenga la suerte de tenerlo), con sus rutinas. Es lo que trae el ocaso de cada fin de semana.

Lo mismo ocurre cada vez que dejas de hacer algo por hartazgo, por tener la sensación de estar cerrado por derribo. Porque todo transcurre como si nada, hasta que llegado el momento oportuno, ése que no sabes muy bien cómo acaba alcanzándote, te levantas, te pones ante el ordenador, y todo fluye.

Como el día que decides colgar las botas... o como cuando optaste por volver a calzarte unas zapatillas deportivas y salir a correr, sin saber muy bien si motivado por la incipiente barriga que un día comenzaste a detectar o por prescripción médica, para luchar contra los dolores que te proporcionan la edad y la presencia de tanta tecnología a tu alrededor.

Sí, ese preciso momento que hay entre un plato exquisito, merecedor de Estrella Michelín, o unos cuantos ingredientes casi calcinados (aunque no lo creas, es lo que acaba de ocurrirme mientras esto escribo).

En ese instante parece que cada día, cada hora, cada minuto y cada segundo estamos tú y yo. Como si no hubiese ayer, ni tampoco mañana. Como si no hubiéramos conseguido nada en esta vida, con todo lo bueno que hemos hecho juntos, como ese 'nosotros' que hemos conseguido formar, y que cada llanto, risa o noche en vela se encarga de recordarnos. Como si el miedo al fracaso y, al mismo tiempo, el miedo al éxito, nos hiciese estar en un eterno callejón sin salida, en una de esas norias que siempre vuelven al punto de partida, sin haber conseguido nada por el camino. Nada más lejos de la realidad.

Puede que sea cierto eso de que la historia es cíclica, y para no ser menos, la tuya y la mía, la nuestra, parece que ahora, como ayer, se repite. Contra eso, ganas, sacrificio e ingenio. Llegado el momento, únicamente tendremos que recordar el día que nos conocimos. Cuánto hemos conseguido juntos desde entonces. Y, por supuesto, pensar en lo que está por venir... porque siempre hay un antes y un después de algo. Estoy seguro, y tú también has de estarlo.


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