sábado, 7 de mayo de 2016

Enemigos íntimos en la política española

Imagen de la campaña de Greenpeace.
Vivimos días de tensión máxima. Y no, no creo que la celebración de nuevas elecciones el 26-J sea la raíz de todo. España es un país donde se fomenta la autodestrucción, donde somos incapaces de perdonar y enterrar el hacha de guerra, donde se fomenta, por intereses de unos y otros, aquello de las dos Españas que reflejase en el poema Españolito Antonio Machado.

El lenguaje político está sumamente radicalizado. Esas continuas alusiones a izquierdas y a derechas, a extremos irreconciliables y generadores de odio y de guerras, es un instrumento clave en la creación de sentimientos enfrentados que crecen por días. Se ha convertido en algo tan habitual que asusta.

Todo esto es sumamente peligroso, porque hay quien es incapaz de diferenciar la realidad de la telepolítica. Hay quien, con tantos programas de telerrealidad, cree que Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Albert Rivera o Alberto Garzón, cuando se echa el telón siguen con el cuchillo entre los dientes. Y nada más lejos de la realidad. Para nuestros líderes políticos la vida no es crispación, todo forma parte de un teatro, de un juego comunicativo donde los medios de comunicación tienen mucho que ver. Además, ahora hay que añadir el poder de las redes sociales, donde los 'ultras' de cada tendencia actúan como auténticas mareas a la hora de difundir cualquier grieta en el adversario y sacar algún tipo de rédito político. Y esto ocurre si se da un caso de corrupción en las filas de una formación, si hay algo sobre Venezuela a lo que sacar punta o cualquier otro aspecto, por insignificante y la poca relación que en principio pueda parecer tener con la política.

Vivimos nuestros días como eternos enemigos íntimos, hasta el punto de que en ocasiones da miedo hablar sobre éste o aquel asunto por temor a meterte en charcos innecesarios. Falta educación (en el modo de comportarnos y en el aspecto formativo para asumir, por ejemplo, el efecto de las redes sociales y los medios de comunicación de masas), civismo (para evitar choques de trenes que al final pueden tensar tanto la cuerda que conduzcan a una guerra entre hermanos, y de eso tenemos experiencia en España) y prudencia, en el terreno político y en el personal, y únicamente basta echar un vistazo a los perfiles sociales de políticos, militantes, simpatizantes e incluso periodistas. El papel del periodista ha sufrido un cambio tan drástico que a veces uno no reconoce en qué lugar queda la función social que se espera del periodismo... pero eso es motivo de otro artículo.

Toca cambiar de actitud, por el interés general, por la convivencia. Y para eso no estaría mal seguir aquella frase de Antoine de Saint-Exupéry, autor de El Principito, tan bien usada en la campaña lanzada en octubre de 2015 por Greenpeace: "Que el niño que fuiste no se avergüence del adulto que eres". Pues eso. 

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