martes, 14 de febrero de 2017

Carta de amor

Llegó el 14F, con su San Valentín, con el Día de los Enamorados, con Cupido lanzando flechas. Todo por el negocio. Si no te quiere o no lo quieres los 364 restantes días del año, da igual, un regalo hoy puede arreglarlo todo, al menos de cara a la galería.
No, no basta con un beso. Tiene que ser una flor, mejor un ramo. Que no sean margaritas, que igual se pone a deshojarlas y todo se acaba. Que no sea un capullo, no vaya a ser que asocie ideas y acabes marchitándote.

No, no basta con un te quiero. Hoy, lo que no se publica en redes sociales, lamentablemente no existe. Hay que reconocerlo, y casi nadie escapa al embrujo de Facebook, Instagram y compañía.


No, no basta con los hijos, probablemente sea la mayor muestra de amor que exista, aunque siempre pueda haber una excepción que rompa la regla. Una vez que aparecen en tu vida, ellos son el principio y el final de todo.

No, no basta con salir a la vuelta de la esquina. Juntos. Simplemente juntos. Tan sencillo como eso. Será mucho mejor preparar un viaje a París, será que únicamente allí reside el amor puro y verdadero.

No, no te mires al espejo, porque entonces descubrirás que ya no eres como antes. Mejor convencerte de que la arruga es bella y de que las canas son atractivas. Y no, nunca digas que es tuya. Porque nadie pertenece a otra persona. Y si ese momento llega, márchate, pide ayuda, para que nunca tengamos que lamentarlo.

No, el 14F, con su San Valentín, con el Día de los Enamorados, con Cupido lanzando flechas, posiblemente no es como un día imaginaste. Todo se limita a acudir al centro comercial de turno para satisfacer tu impulso consumista y de camino aumentar la cuenta de resultados de quien un día vio en ti el producto más rentable que jamás existirá, porque ya sabemos que sólo el hombre tropieza dos veces en la misma piedra.

No, no hace falta que regales la joya más cara, el reloj más exacto ni la pulsera más brillante que puedas encontrar. Tampoco es necesario que busques el restaurante donde trabaja el cocinero del momento, ni que contrates el viaje que estos días has visto en televisión. Es más sencillo que eso. Basta con respetar su espacio, para que el tuyo también sea respetado; con ser sincero, para recibir sinceridad a cambio; con mirar a los ojos, hasta conseguir ser capaz de mirar a través de los suyos. Es tan simple como decidir que esa persona es la que mejor puede acompañarte en tu viaje diario, con todos sus lados y aristas, con lo bueno y lo malo. Todos los días del año… y del resto de tu vida.



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